
Mis huellas sobre la vereda se pierden con la espesa niebla, he caminado cuadras y cuadras, y aun no quiero llegar a casa, el desorden ahi es grande.
Tengo frío, me detengo en una esquina, la luz tenue del alumbrado público se mezcla con el pavoroso olor de la basura acumulada, mi sobre se proyecta sobre ella i indirectamente las moscas sobrevuelan sobre mi cabeza.
Sigo caminando...
Y mientras lo hago, voy inhalando, aunque no lo quiera el humo de los ``micros``.
He llegado al paradero, pues de tanto andar mis pies ya estan cansados, alzo la mano y detengo a un -Anconero-; subo, me he santado al lado de la ventana, el bus lleva no más de 9 vidas, 7 si descontamos al cobrador y al chofer...
6 si mi vida vale algo para
alguien.
[...]
Le he dicho al cobrador que me bajo en la siguiente esquina, el bus
hace un alto
y yo bajo.
Estoy a escasos 20 metros de casa, avanzo hasta la puerta, saco las llaves de mi bolsillo y entro. [continuará...]
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